
La compañía Regañiza recreó ante numeroso público las peripecias de una familia de Tahíche en un recorrido teatral por las antiguas costumbres funerarias de Lanzarote
Las calles del centro de Arrecife se convirtieron anoche en un escenario al aire libre con la celebración de la Ruta de Finaos, una propuesta teatral que reunió a numeroso público para descubrir, entre escenas de humor y tradición, cómo se vivía la muerte y los enterramientos en la Lanzarote de otros tiempos.
La actividad, organizada por Cultura Arrecife, contó con la participación de doce actores y actrices de la Compañía de Artes Escénicas Regañiza, bajo la dirección de Germán Barrios, que dieron vida a una historia escrita por Salvador Leal e inspirada en las antiguas costumbres de la isla.
La representación narró las peripecias de una humilde familia de Tahíche que, tras el fallecimiento de uno de sus miembros, debía trasladar el cuerpo hasta Teguise para darle sepultura. Sin recursos para comprar un ataúd, la familia emprendía el camino transportando al difunto en parihuelas, protagonizando situaciones cargadas de humor y referencias a las creencias populares de la época.
El relato coincidía con un momento de cambio en las prácticas funerarias, cuando entraba en vigor la prohibición de realizar enterramientos en el interior de las iglesias. De esta manera, el protagonista de la historia acababa convirtiéndose en el primer difunto enterrado en el cementerio de Teguise.
A lo largo del recorrido, los asistentes acompañaron a la comitiva y fueron descubriendo personajes, conversaciones y escenas que reflejaban la forma de hablar, las relaciones vecinales y las costumbres de aquella sociedad.
La combinación de teatro, historia y humor permitió acercar al público una parte de la memoria popular de Lanzarote, transformando las calles de Arrecife en un recorrido por las tradiciones de generaciones pasadas.

Vino y castañas para cerrar la Noche de Finaos
La Ruta de Finaos concluyó en la plaza de la iglesia de San Ginés, donde los participantes compartieron vino y castañas, recuperando el ambiente tradicional de una celebración estrechamente vinculada al recuerdo de los difuntos.
La buena acogida de esta edición puso de manifiesto el interés del público por las actividades culturales que recuperan las historias y tradiciones de Lanzarote, combinando las artes escénicas con la divulgación del patrimonio y la memoria colectiva de la isla.