Cuando reflexiono sobre la falta de vivienda actual, pienso en nuestros jóvenes que quieren independizarse sin tener que marcharse del lugar donde han crecido. Pienso también en esas familias trabajadoras que buscan estabilidad y en esas personas que, aun teniendo empleo e ingresos estables, encuentran enormes dificultades para acceder a un hogar.
La falta de vivienda se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de nuestra sociedad. Precisamente por eso, creo que debemos afrontar este debate con valentía, realismo y una mirada puesta en el futuro más próximo.
Hace unos días, una información publicada a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), recopilados por el Observatorio de Derechos Sociales de Canarias (Odesocan), ponía sobre la mesa una realidad que merece especial atención: Lanzarote contabiliza 19.986 viviendas vacías, 2.374 de ellas en nuestro municipio de Teguise. Cifras bastante elevadas que nos obligan a preguntarnos lo siguiente: ¿estamos aprovechando realmente los recursos disponibles?
Durante mucho tiempo, el debate sobre el acceso a la vivienda ha girado casi exclusivamente en torno a la necesidad de construir más. No obstante, no podemos ignorar otra realidad, y es que existen inmuebles que podrían incorporarse al mercado residencial si fuéramos capaces de generar las condiciones adecuadas para alquilarlos.
El primer paso para ello, necesariamente, sería escuchar a sus propietarios. Es decir, no podemos pretender que una persona ponga su vivienda en alquiler si siente incertidumbre sobre el cobro de la renta o la posibilidad de recuperar el inmueble cuando corresponda legalmente. Ahora bien, dar seguridad a los propietarios no significa olvidarnos de quienes necesitan una vivienda, sino buscar fórmulas que permitan establecer una relación de confianza entre ambas partes, con garantías para quienes alquilan sus propiedades y para quienes necesitan acceder a un hogar. Considero también que son necesarios los incentivos para recuperar o rehabilitar viviendas cerradas y destinarlas al alquiler residencial de larga duración, altamente demandado en nuestra isla.
Cada vivienda que permanece cerrada y que podría reunir las condiciones para ser habitada representa una oportunidad que estamos dejando pasar.
Quisiera, a este respecto, no aunar los términos de vivienda social y vivienda asequible. Es por eso que hago hincapié en aquellas personas que no necesariamente cumplen los requisitos para acceder a determinadas modalidades de vivienda social, pero que tampoco pueden asumir los precios excesivos del mercado. Esta realidad exige ampliar nuestra mirada. No basta con pensar exclusivamente en viviendas de titularidad pública destinadas a los colectivos más vulnerables, que siguen siendo imprescindibles, sino que se requiere también especial atención a esa parte de la población que trabaja, que quiere quedarse en su municipio y que necesita una oportunidad para acceder a una vivienda a un precio razonable.
En Teguise nos encontramos, además, con una dificultad añadida, y es que la disponibilidad de suelo público para impulsar nuevas promociones es limitada. Por eso, me he reunido y he mantenido diversas negociaciones con el Cabildo de Lanzarote y con propietarios privados, consciente de que la solución no puede depender de una única administración ni de un único modelo. A raíz de estas, han surgido diversas vías de solución, como, por ejemplo, la transformación de determinados suelos actualmente destinados a uso turístico en suelo residencial.
Teguise tiene, además, identidad propia, una historia, una arquitectura y una manera de entender la convivencia que debemos preservar. Es por ello que no podemos abordar el futuro residencial como si todos los pueblos fueran iguales o necesitaran el mismo modelo de crecimiento. Las grandes promociones de bloques de viviendas pueden tener sentido en determinados entornos, pero no siempre encajan con la escala, la arquitectura y la forma de vida de nuestros pueblos. Defiendo un modelo residencial que se integre en nuestro paisaje y que respete nuestra idiosincrasia. Debemos ser capaces de combinar las necesidades de vivienda con una planificación urbanística responsable, que tenga en cuenta los servicios públicos, las infraestructuras, la movilidad y la calidad de vida de nuestros vecinos.
Quiero que nuestros jóvenes puedan desarrollar sus proyectos de vida en Teguise, que nuestras familias no tengan que alejarse de sus raíces para encontrar un hogar, que quienes trabajan cada día puedan aspirar a vivir dignamente en el municipio en el que han decidido construir su futuro.
Y, sobre todo, que nuestros pueblos sigan siendo espacios vivos, donde convivan distintas generaciones y donde el crecimiento no implique renunciar a nuestra identidad.
Olivia Duque Pérez. Alcaldesa de Teguise