La Graciosa

Teguise regulará el tráfico de vehículos en La Graciosa

La modificación de la ordenanza municipal permitirá autorizar provisionalmente hasta 15 vehículos y busca adaptar la movilidad de la octava isla a su singularidad ambiental y social

El Ayuntamiento de Teguise ha aprobado inicialmente la modificación de la Ordenanza Municipal reguladora del tráfico en la isla de La Graciosa, tras el acuerdo adoptado por el Pleno municipal el pasado 14 de mayo. La normativa pretende ordenar la movilidad en la octava isla, proteger sus espacios naturales y adaptar la circulación de vehículos a las particularidades del territorio.

La alcaldesa de Teguise, Olivia Duque, explicó que “no se trata de prohibir los vehículos, sino de hacer una regularización adaptada a las particularidades que presenta La Graciosa, garantizando un equilibrio entre la movilidad, la sostenibilidad, el cuidado de los espacios naturales y la calidad de vida de residentes y visitantes”.

Duque destacó además que “La Graciosa es un territorio único por sus características ambientales, sociales y territoriales, que requiere medidas específicas y una gestión adaptada a su realidad”. En este sentido, aseguró que el Ayuntamiento mantiene su compromiso de seguir impulsando acciones que mejoren los servicios, la convivencia y el desarrollo sostenible de la isla.

La propuesta contempla la autorización provisional de hasta 15 vehículos en La Graciosa y su acceso al entorno del Parque Natural a través de las vías habilitadas. Esta medida se adopta tras los informes emitidos por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales, propietario de los terrenos afectados.

Desde el Ayuntamiento señalan que la modificación responde a la necesidad de avanzar hacia una mejor ordenación de la movilidad en La Graciosa, especialmente ante el incremento del tránsito de vehículos en la isla. El objetivo principal es regularizar la actividad y reducir el impacto del tráfico motorizado sobre un ecosistema especialmente sensible y frágil.

La modificación de la ordenanza también se enmarca en el compromiso del grupo de gobierno con la conservación del entorno del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, un espacio de alto valor ambiental por su biodiversidad marina y terrestre.

Asimismo, el Ayuntamiento de Teguise convocará una reunión con las personas que actualmente desarrollan esta actividad en La Graciosa, con el objetivo de informar sobre el procedimiento, escuchar aportaciones y facilitar una aplicación coordinada de las medidas previstas.

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El Cabildo destina 1,6 millones al Plan de Empleo 2026

Las ayudas se distribuirán entre los ayuntamientos de la isla en función de la población y el número de personas desempleadas de cada municipio

El Cabildo de Lanzarote ha aprobado la nominación de subvenciones a los ayuntamientos de la isla para el desarrollo del Plan de Empleo 2026, con una dotación total de 1,6 millones de euros.

La medida fue aprobada en la sesión plenaria ordinaria de junio y permitirá distribuir los fondos entre los siete municipios de Lanzarote atendiendo a criterios como la población y el número de personas desempleadas en cada localidad.

El presidente del Cabildo de Lanzarote, Oswaldo Betancort, destacó que esta inversión “es una de las prioridades de este grupo de Gobierno” y subrayó que son muchas las personas que, programa tras programa, acceden a un empleo gracias a la labor del área insular.

“Son muchas las personas que, programa tras programa, acceden a un empleo gracias a la labor del área insular, que vela siempre por la estabilidad de los vecinos y vecinas de Lanzarote y La Graciosa”, añadió Betancort.

Por su parte, la vicepresidenta y responsable del Área de Planificación y Coordinación de Proyectos, María Jesús Tovar, señaló que el Plan de Empleo 2026 “supone una herramienta clave para seguir ofreciendo oportunidades laborales en todos los municipios de la isla, atendiendo además a criterios objetivos como la población y el número de personas desempleadas”.

El consejero de Empleo, Jesús Machín Tavío, explicó durante la exposición en el Pleno que las cuantías se han distribuido “en función de la población que posee y el número de desempleados en cada municipio”. Asimismo, indicó que este año se ha realizado un esfuerzo especial para favorecer a las personas cercanas a la edad de jubilación.

“Son muchas las personas que precisan de algunos meses para poder finalizar su etapa laboral y planes como este les ayudan a realizarlo”, afirmó Machín.

Reparto por municipios
El Ayuntamiento de Arrecife recibirá la mayor cuantía, con 607.867,03 euros. Le siguen San Bartolomé, con 207.305,35 euros; Teguise, con 204.571,15 euros; y Tías, con 187.710,19 euros.

Por su parte, el Ayuntamiento de Yaiza contará con una subvención de 158.545,29 euros; Tinajo recibirá 119.051,15 euros; y Haría dispondrá de 114.949,84 euros.

Formación para el empleo en el sector agrícola
Durante la misma sesión, el Cabildo de Lanzarote aprobó además una modificación de crédito por importe de 672.972,32 euros destinada a reforzar acciones de formación para el empleo vinculadas al sector agrícola y medioambiental.

Esta cuantía permitirá iniciar la contratación de servicios de labores de agricultura y jardinería en las parcelas de la Granja Agrícola Experimental del Cabildo, dentro de una actuación cofinanciada por el Fondo de Desarrollo de Canarias, FDCAN, y enmarcada en la Línea Estratégica 3, “Apoyo a la empleabilidad”.

El expediente contempla una inversión total de 672.972,32 euros y continuará ahora con el correspondiente periodo de exposición pública y tramitación reglamentaria.

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LA CANARIEDAD: CUANDO UN PUEBLO RECUERDA QUIÉN ES; Por Oswaldo Betancort

En vísperas de la celebración del Día de Canarias, no quisiera dejar pasar la ocasión para hacer una reflexión, con la mirada algo más distante, sobre lo ocurrido hace unas semanas en torno al buque Hondius y la gestión de la crisis sanitaria. Creo ahora que aquello no fue solo una polémica política ni una controversia mediática más. Fue, quizá sin pretenderlo, un espejo en el que muchos canarios, lanzaroteños y gracioseros volvimos a mirarnos.

Mientras algunos optaban por la caricatura y el desprecio, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, logró proyectar una imagen que ha trascendido el Archipiélago, defendiendo esta tierra con algo que hoy resulta casi revolucionario en política: mesura, inteligencia y firmeza institucional.

Pero, sobre todo, lo que logró, en mi opinión, fue algo mucho más importante: el despertar de algo que quizá llevaba demasiado tiempo dormido en la sociedad isleña: la conciencia de pertenecer a un pueblo con identidad propia y orgullo de pertenencia, la canariedad. Algo menos visible y, probablemente, mucho más relevante: una reacción de defensa de nuestra dignidad como pueblo, que aglutinó, a lo largo y ancho de las ocho islas, un sentimiento generalizado y compartido de identidad y respeto hacia quienes somos, más allá de las siglas partidistas con las que cada canario y canaria se identifica y del lugar de nacimiento de todos los que somos y nos sentimos canarios. Sin olvidar que somos un pueblo solidario donde los haya, como bien hemos demostrado en Lanzarote, tantas veces convertida en puerta de entrada de la inmigración.

Ese sentimiento de canariedad ya encontró en el pasado una expresión sólida. Hubo un tiempo en el que las fuerzas nacionalistas llegaron a tener hasta cuatro diputados en el Congreso, con capacidad real de influencia en Madrid y de situar los intereses del Archipiélago en el centro de negociaciones decisivas. Aquello no ocurrió por casualidad. Respondía, en gran parte, a una conciencia colectiva más fuerte, a una ciudadanía que entendía que defender Canarias —y, por tanto, Lanzarote y La Graciosa— exigía también voz propia y peso político allí donde se toman las decisiones.

Por ello, como presidente del Cabildo de Lanzarote, pero también como canario y lanzaroteño, hoy considero tan urgente como necesario e inaplazable recuperar y fortalecer el sentimiento de identidad, pertenencia y orgullo. Apelo y reivindico ese “modo canario” de ser y estar, que tantas veces ha residido en la serenidad, en la capacidad de diálogo, en la prudencia y en saber resistir sin perder la humanidad ni las formas. Y precisamente por eso, cuando el pueblo canario habla alto y claro, suele hacerlo desde una autoridad moral difícil de ignorar. Porque, a veces —y bien lo sé como presidente del Cabildo—, la verdadera fortaleza y determinación consisten precisamente en no perder el equilibrio cuando otros buscan arrastrarte al ruido.

En este contexto, entender la transformación sociológica que ha experimentado nuestra tierra en las últimas décadas es también una realidad que no podemos eludir. En apenas 25 años, Lanzarote ha experimentado un crecimiento poblacional cercano al 70 %. Hoy, aproximadamente la mitad de quienes vivimos aquí no ha nacido en esta isla, pero sí ha decidido hacer de ella su hogar. Lejos de debilitar nuestra identidad, esta realidad nos plantea un reto apasionante: construir una canariedad abierta, integradora y fuerte.

Y si hay un lugar donde esa singularidad canaria se expresa con una intensidad extraordinaria, ese lugar es Lanzarote y La Graciosa. Somos Reserva de la Biosfera. Somos Geoparque Mundial. Recientemente, Lanzarote ha sido reconocida por Naciones Unidas, a través de la FAO, como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial, SIPAM, convirtiéndose en la primera isla europea en recibir este reconocimiento por un modelo agrícola único en el mundo, fruto del ingenio, el esfuerzo y la capacidad de adaptación de generaciones de campesinos sobre una tierra volcánica tan hostil como extraordinaria y bella.

Es solo un ejemplo, pero no es un reconocimiento cualquiera. El mundo nos está diciendo algo importante: precisamente aquello que nos hace diferentes es también aquello que posee un valor universal. Es el espíritu del legado visionario de nuestro lanzaroteño universal, César Manrique, quien supo entender como nadie que el verdadero progreso solo es posible cuando se protege el alma de un territorio.

Junto a esa actitud, hoy más que nunca debemos reivindicar la recuperación de nuestra memoria, nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestros deportes autóctonos, nuestro patrimonio, nuestro modo de hablar, nuestro folclore y nuestra identidad. Ahí se enmarca la apuesta que impulsamos desde el Cabildo de Lanzarote por iniciativas como Raíces Atlánticas, la Feria de las Tradiciones de Lanzarote y La Graciosa, que reivindica nuestra cultura popular, nuestros oficios, nuestros juegos tradicionales, nuestra gastronomía y nuestra memoria compartida. También el inicio del procedimiento para proteger el Juego del Palo de Lanzarote como Bien de Interés Cultural Inmaterial, entendiendo que conservar estas prácticas tradicionales es también conservar parte de nuestra memoria colectiva. O el convenio firmado con la Lucha Canaria, que está llenando los terreros.

Aprovechemos la oportunidad de algo más grande que estos tiempos parecen brindarnos: una renovada conciencia colectiva de lo que significa ser canario. Porque la identidad no divide; la identidad cohesiona.

Canarias seguirá cambiando. Lanzarote y La Graciosa seguirán evolucionando. Pero ojalá sepamos hacerlo sin perder nunca aquello que nos hace únicos. Y eso depende de nosotros: de los canarios y canarias, de los lanzaroteños y lanzaroteñas, de los gracioseros y gracioseras. Porque los pueblos, cuando recuerdan quiénes son, dejan de pedir permiso para ocupar el lugar que les corresponde.

Oswaldo Betancort, presidente del Cabildo de Lanzarote

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El Consejo Consultivo avala la resolución del contrato con Canal Gestión por incumplimientos “estructurales y graves”

El dictamen concluye que las pérdidas superiores al 50% y los cortes continuos afectan al núcleo esencial del servicio público del agua en Lanzarote y La Graciosa, mientras Oswaldo Betancort sostiene que “la Administración tenía la obligación de actuar para proteger el interés general” …

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Canarias aprendió por fin a cantar hasta ocho; Por Nieves Arrocha

El martes 26 de mayo de 2026, la calle Teobaldo Power de Santa Cruz de Tenerife volvió a vestirse de “guapa”, como cada quince días, para recibir a quienes representan al pueblo canario y defienden los intereses de esta tierra en la casa de todos los canarios: el Parlamento de Canarias.

Podríamos pensar que sería un pleno más, uno de tantos en los que Fernando Clavijo tendría que volver a defender a Canarias frente a quienes, desde Madrid, continúan tratándonos como una periferia a la que solo se mira cuando interesa, o frente a quienes, desde posiciones extremistas, pretenden incluso decidir cómo debe ser madre una mujer. Pero no. Esta vez ocurrió algo diferente. Las 70 personas que conforman el Parlamento, cada una con su carnet político, coincidieron en algo profundamente importante: que La Graciosa volviera a resonar con fuerza y quedara reflejado, una vez más, que el corazón de Canarias late en ocho peñas.

Hoy puede parecer una obviedad, pero no siempre fue así.

Quienes pertenecemos a la generación Z y crecimos en La Graciosa lo hicimos bajo códigos no escritos que definían nuestra manera de convivir y entender la vida. Los problemas se solucionaban en la caja del supermercado de Margarona; “El Palo” era mucho más que un punto de encuentro: era un auténtico espacio de debate donde, cuando hablaba un mayor, los demás escuchaban. En casa de Agustina y Juan recogíamos las pastillas que Javier había recetado en la Casa del Mar. Juan Romero y Marcialito salían cada mañana y cada tarde en el Safari para llevar “al Puerto” a quien lo necesitara; no eran los barcos de ahora, pero entraban en Órzola incluso con viento del norte. En casa de Quela podías comprar pan por la mañana y pesar pescado por la tarde. Si aparecía un pájaro herido, llamábamos a Jeremías. Y Monse, el recientemente condecorado Simeón Páez, ha sido durante décadas el policía que ha acompañado la vida de todos los gracioseros, cuando aún lo recordamos en la puerta del colegio con el pelo algo más negro.

Todo eso era ser de La Graciosa. Una realidad que muchas veces, fuera de la isla, costaba entender.

Pero también crecimos con cierta sensación de magua. Llegaba la actuación de Navidad y el profesor de música repartía la fotocopia del “Vamos, cantemos, somos siete…”. Llegaba el 30 de mayo y el mural del colegio repetía lo mismo que aparecía en los libros de Conocimiento del Medio: siete islas. Solo siete.

Puede parecer absurdo hoy, pero esta realidad se vivió hasta hace apenas unos años. Y aquello despertó algo importante en nuestro pueblo. Todas las generaciones de gracioseros nos unimos para defender lo que siempre habíamos sabido: que La Graciosa es isla, pueblo e identidad propia dentro de Canarias. Fruto de esa lucha colectiva llegó en 2018 el reconocimiento oficial como octava isla habitada del Archipiélago y ahora, en 2026, damos un paso más con su inclusión en el himno de Canarias.

Ahora bien, si nos preguntan si esto es suficiente para que La Graciosa sea tratada en igualdad de condiciones con el resto de islas, la respuesta es claramente no.

No podemos entender, entre otras muchas cosas, que una vecina de 80 años tenga prácticamente que estudiar derecho urbanístico para poder cambiar unas ventanas deterioradas de su vivienda. Tras décadas acumulando figuras de protección sobre el territorio, no siempre se tuvo en cuenta que aquí vive un pueblo que necesita desarrollar su vida con seguridad jurídica, sentido común y dignidad.

La incertidumbre se apoderó durante demasiado tiempo de muchas actividades cotidianas y proyectos de vida en la isla. Por eso, los gracioseros esperamos con ilusión la aprobación definitiva del PRUG, un instrumento largamente demandado y necesario.

Y es justo reconocer también que, desde el área de Planificación del Cabildo de Lanzarote, se ha puesto especial empeño en acelerar su tramitación para que, de la mano de los vecinos y vecinas, se puedan desbloquear muchas de las cuestiones históricas que afectan a La Graciosa.

Porque proteger La Graciosa nunca puede significar impedir que los gracioseros puedan vivir en ella.

Por eso es inevitable esbozar una sonrisa de esperanza cuando vemos al joven diputado David Toledo defender en el hemiciclo la identidad de La Graciosa; el mismo que vemos en TV Canaria hablando del REF y del futuro de nuestra tierra, y que lleva integrada, como diría Olga Cerpa, “la última estrella pintada de verde sobre mi bandera”.

Se ha entendido. Está calando. Poco a poco, esta vez se ha cambiado el himno, pero Canarias empieza a mirarse más completa, más consciente de sí misma y de todas las realidades que la conforman. Y mientras eso ocurre, La Graciosa seguirá haciendo lo que siempre ha hecho: aportar humildad, identidad y orgullo a esta tierra que llamamos hogar.

Feliz Día de Canarias.

Nieves Arrocha Martín

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