«Canarias tiene ahora un problema grave de crispación generalizado con respecto al turismo que nos puede salir muy caro. El 20 A una multitud se echó a la calle para mostrar su hartazgo y la solución no está precisamente en lanzar aún más debates polarizados que enfrentan a la sociedad y a turistas»
¿Quién no puede estar de acuerdo a muchísimas reivindicaciones de las miles de personas que salieron a protestar a la calle?
La solución está básicamente en escucharnos y comprendernos, no sólo en cumplir trámites.
Hemos salido en todos los medios europeos como destino anti-turismo, hemos visto como se increpan a turistas y en cualquier municipio de Canarias podemos encontrarnos pintadas de “tourist go home” (turista vete a casa), incluso en los coches de alquiler. Los alojamientos hemos recibido cancelaciones de viajeros con miedo u ofendidos por poder ser increpados por venir de vacaciones.
Y a partir del 20 de octubre se repetirán e intensificarán esas imágenes y saldremos en temporada alta en todos los medios extranjeros. Volveremos a dar la imagen de ser un destino anti-turismo y hostil, cuando no es verdad.
¿Y qué medidas se han tomado por parte del Gobierno de Canarias para mostrarle a la sociedad su preocupación y evitar el nuevo estallido? Ninguna. Una vez más se mira hacia otro lado como
si se tratara de una gripe que se cura sola.
De acuerdo a las primeras 43 páginas del Anteproyecto de Ley de Uso Turístico Sostenible de Vivienda, la culpa íntegra de la situación de la gentrificación, turistificación y turismofobia en Canarias es de la vivienda vacacional, más aún tras el “efecto llamada” que ha provocado el anuncio de la norma y su entrada en vigor, lo cual ha generado un efecto contrario al pretendido
por la regulación.
No es por la falta de previsión y falta de construcción durante todos estos años de vivienda protegida o social para el residente cerca de los núcleos turísticos, que dicho sea de paso, es relegado a vivir cada vez más polarizado a la periferia en “guetos para trabajadores”.
Tampoco es por no comprender dónde fueron a parar los “activos tóxicos” (viviendas, solares, oficinas, etc.) por los que rescatamos con más de 80.000 millones a los bancos con dinero público
de nuestros impuestos. Viviendas, que no se han puesto a disposición de quién más las necesitan.
Menos aún, por la incesante destrucción de nuestro territorio y la invasión de nuestras costas por multinacionales hoteleras que contra viento y marea (todo tipo de informes contrarios), plantan sus hoteles con suculentas subvenciones pagadas por todos los canarios.
No puede ser tampoco por la ingente cantidad de emisarios que contaminan nuestras playas y costas con aguas sin depurar.
Y sobre todo, nada que ver el empleo y las diferencias abismales entre las condiciones laborales en el sector turístico de ambas provincias, la cesta de la compra más cara de España y en términos generales, la pobreza y desigualdad que sufrimos con respecto a otras CCAA de este país.
Reiteramos desde ASCAV y nos consta que son conscientes de ello, la solución a los históricos problemas estructurales de la vivienda y la emergencia habitacional no se comprende culpabilizando a las viviendas vacacionales, muchas otras variables como el crecimiento poblacional, el elevado número de viviendas vacías y la inseguridad de la ley de arrendamientos
urbanos tendrán también algo que ver. Es simplemente una excusa focalizar el problema en un sector y dar respuesta a un lobby hotelero que lleva años clamando el fin de una nueva
modalidad de alojamiento demandado que le come terreno.
¿Seremos alguna vez capaces de buscar soluciones sin mirarnos el ombligo y dejar de pensar egoístamente en los réditos políticos para alcanzar acuerdos?
¿Tan difícil es, cumplir con la reivindicación principal de propietarios de viviendas cerradas o aquellas, que por miedo se han pasado a la VV para volver a alquilarlas a familias canarias? Lo
único que solicitan es que el Gobierno de Canarias les garantice el alquiler a precio de mercado. ¿Por qué no se hace si la consecuencia es recuperar ese 40% de viviendas de alquiler perdido? ¿Por qué el Gobierno de Canarias gasta en cambio 7 millones de Euros en una brillante idea que consigue que 1 sola vivienda se ponga en alquiler?
¿Por qué no se abre una mesa de debate y de consenso para llegar a acuerdos sobre el modelo de turismo que queremos?
¿Por qué seguimos las pautas de lo que nos piden los inversores de fuera y no escuchamos a nuestra sociedad?
Y sobre todo, una pregunta o reflexión que deberíamos hacernos todos con respecto al turismo y que quizás hemos obviado hacérnosla. ¿Por qué y a quién le molesta tanto que los canarios
participemos directamente del turismo? Que seamos parte, que gestionemos y conservemos nuestro patrimonio y que seamos independientes para decidir qué hacer con nuestros recursos.
La solución a esta encrucijada turística que estamos viviendo requiere un debate profundo y dar soluciones a corto y medio plazo y no en formular Leyes contrarias a las familias canarias por vías de urgencia.
¿Cómo es posible que no se ponga a disposición suficiente suelo para construir vivienda social o protegida para la gente joven o trabajadora? ¿Por qué las licencias municipales no se tramitan
de urgencia y se permite el silencio positivo para este tipo de construcción para acelerar el proceso?
Y, ¿Qué pasa con los impactos positivos que la VV genera en la economía local? ¿en serio le vamos a dar la espalda a todos los colectivos que de manera indirecta o directa dependen de la VV?
¿renunciamos a un impacto económico de 2.700 millones de euros que se quedan íntegramente en Canarias? ¿Mandamos al paro de golpe y plumazo a más de 40.000 personas?
En ninguna parte del mundo se ve que un producto turístico único, que sólo existe en Canarias y que tanto éxito ha tenido durante los últimos 40 años y tanto bien ha hecho a la conservación
del patrimonio en las medianías, como son las “Fincas”, ahora se prohíban, empobreciendo y condenando a los propietarios a la venta de esas propiedades a extranjeros que las
comercializarán opacamente desde sus países de origen, tal y como ya pasó en el año 2013.
En resumen, no corresponde aprovechar la situación para dar respuesta a un lobby hotelero que más temprano que tarde, se hará con este nicho de mercado también, como siempre bajo el
lema de “todo para mí”. No existe mayor sostenibilidad turística que aquella que genera bienestar social y economía transversal a los canarios, al tiempo que protege nuestra historia y nuestro patrimonio.
